Esta experiencia, pasó hace muchos años. Es corta pero para que no tengan que estar esperando tanto para las siguiente, se las cuento.

Tuve una época que amaba dibujar, empecé con los típicos lápices de colores, marcadores, micro fibras, seguí con acrílicos y terminé con los óleos. Pasaba varias horas al día dibujando. Al punto de quedarme toda la madrugada despierta, a escondidas de mi madre.

En varias ocasiones fui a clases sin dormir por mi pasión al dibujo.

Antes no era fácil comprar los elementos de dibujo artístico. No es como ahora que buscas en internet y hasta te lo llevan a tu domicilio. Tenía que recorrer varias librerías, para encontrar algún elemento o color específico.

En esas búsquedas, me encontré con una librería, que no me quedaba muy cerca de mi casa, estaba a unas 40 o 45 cuadras. Pero me encantaba salir a caminar, es mas, al día de hoy disfruto mucho caminar. Salía de mis clases e iba a este local.

El local me encantaba porque no estaba en una zona comercial y era muy tranquilo, mas a la hora que iba. Cerca de las 14:30 o 15:00 hs llegaba. Lo mejor era el señor que atendía. No era mayor, tendría unos 34 o 35 años creo, pero a mi edad me parecía bastante grande. Era muy simpático, y atento, me tenía mucha paciencia, me mostraba todo lo que tenía, y si no había un producto se aseguraba de conseguírmelo para la semana siguiente.

Para mi, era como estar en un Shopping. Era un sueño estar con todos esos productos, mis amigas amaban ir a comprar ropa, en cambio, para mi, dibujar era todo lo que necesitaba.

La verdad, que nos llevábamos muy bien, empezábamos hablando de artística y terminábamos hablando de cualquier cosa.

Pasaron varias semanas, yo por lo menos, me acercaba a su local una vez por semana como mínimo. Por mi, hubiera ido todos los días, pero tenía que juntar la plata.

Un día llegué al local, y Juan me miraba como alegre, no sabía porque, pero en un momento, se agacha y saca de abajo del mostrador una caja grande cartón.

– Mira lo que conseguí. Abrilo. Me dice Juan.

No tenía idea que era. Pero lo empecé a abrir, levanté la tapa. Y vi una caja de madera, muy hermosa. La saqué. Tenía unos detalles muy lindo, levanté una pequeña traba y abrí la caja de madera. Dentro de esta, estaba llena de lápices profesionales, tenía dos pisos, con mas de 100 colores, sacapuntas, goma, todo de gran calidad.

Era el sueño de cualquier persona que le gustase dibujar.

No dejaba de mirar los detalles, la calidad, y variedad de colores.

– Te gusta? Me preguntó Juan.

– Sabes que sí. Algún día me lo voy a comprar. Dije

Aunque por dentro sabía que faltaría años para comprarme algo así.

– Es tuyo entonces.

Me reí, por la broma que me hizo Juan.

– No es chiste, es tuyo.

No se lo creí, tuvo que decírmelo varias veces para que lo tome en serio.

Cuando caí que era un regalo, di un grito de felicidad, y salí corriendo a abrazar a Juan. Di la vuelta por el mostrador y me tire sobre el, y lo abracé muy fuerte.

– Gracias, gracias, gracias, me encanta. No para de repetirlo.

– Se que le vas a dar buen uso y te lo mereces. Me caes muy bien. Me dijo.

Estaba tan agradecida, que dije:

– No tengo forma, ni de cerca de pagártelo, pero si te parezco linda y te gustan de mi edad, podemos hacer algo.

Se quedó callado unos segundos.

– Sos preciosa, y encima muy simpática, si tuviese tu edad mataría por ser tu novio. Pero no me debes nada. Fue un regalo de onda, me caes muy bien. Solo eso. Respondió.

– Y si te digo que quiero hacerlo con vos, lo harías? Pregunté.

– No debería, me gustaría, pero no creo que debamos.

– No tiene nada de malo, los dos queremos lo mismo.

– No se, no creo que este bien. La verdad que lo hice porque me caes bien, volvía a repetir.

Que me haya hecho el regalo sin pedir nada a cambio, me hacía tener mas ganas de darle placer. Los hombres siempre me querían dar algo pero tenía un precio, ver a alguien distinto, me excitaba mucho.

– Quiero hacerlo, no lo pienses, vamos a pasarla bien y listo. Dije decidida.

– Bueno, estas segura?

– Muy.

Juan se acercó a la puerta de entrada, la cerró con llave y puso el cartel de “cerrado”.

Fuimos a la habitación que estaba detras del local, que lo separaba otra puerta, y la cerró pero sin llave.

Era un ambiente grande de unos, 8 metros de ancho por unos 10 de largo, lo usaba como depósito de mercadería. Una vez había estado en esa habitación, cuando le pedí de usar el baño semanas atrás. Lo tenía bastante cargado de cajas y demás, y estaba muy desordenado.

Juan se quedó esperando, parado sin hacer nada.

Me acerqué, y me arrodille. Le desabroché el cinto, baje el cierre del pantalón de Jean y lo dejé caer hasta sus tobillos.

Tenía un bóxer blanco, su miembro estaba bastante erecto, por lo que sin sacarle su ropa interior, con mi mano derecha empecé acariciar, su miembro, podía sentir su pija creciendo, hasta que el bóxer parecía reventar. Se lo bajé, y pude ver su miembro bien duro y erecto. Era un pene de muy buen tamaño, tenía una curvatura hacia abajo bastante pronunciada, como una banana, era la primer pija curva tan pronunciada, que veía. Había probado otras con leves inclinaciones hacia los costados o arriba, pero ninguna como la de Juan.

Su miembro era cabezón, con varias venas bien marcadas.

Le escupí la cabeza de su miembro, y con mi mano derecha, le esparcí la saliva por todo su tronco, y lo masturbé con mucha velocidad, por unos segundos, ya quería su pija en mi boca.

Me metí su cabeza en mi boca y con mi lengua, la lamí toda, Juan gemía sin parar, y yo sentía mi conchita muy mojada, con mi mano izquierda, me corrí la tanguita verde agua que tenía, y empecé a masturbarme con mucha fuerza, mis dedos se mojaban con mis propios jugos vaginales.

Fui tragándome el miembro de Juan con cuidado, centímetro a centímetro, con mi mano derecha le acariciaba sus huevos, quería tragármelo todo, me costaba mucho, me daban arcadas, y el grosor de su pija me hacía la tarea muy difícil, pero estaba comprometida a hacerle una garganta profunda.

Saqué mi mano izquierda de mi vagina. Y con mis dos manos tomé a Juan por atrás, una mano en cada nalga, y lo hundía contra mi boca, me costaba respirar, mis ojos lloraban, pero no paré de hundir su cuerpo contra mi boca. Tres cuartos de su miembro estaban dentro, seguí presionando, me aguanté el dolor, y como si algo se rompió de golpe, su miembro finalmente quedó completamente dentro de mi boca.

Juan, largo un gemido animal, yo estaba ahogada, sentía arcadas, pero me contuve, estaba muy agitada, traté de respirar por la nariz, pude calmarme, estuve tentada de sacar su pija de mi garganta, pero aguanté, y al cabo de unos cuantos segundos, podía respirar mejor por mi nariz, y empecé a sacar mi boca de su miembro para volver a tragármelo, apretaba mis labios bien fuertes, para hacerlo disfrutar mas, y los gemidos de Juan, me decían que iba por el buen camino.

Estaba lista, apreté bien fuerte sus nalgas y masturbé su miembro con mi lengua, labios, y garganta, con mucha velocidad, mi mentón chocaba sus huevos, mi nariz y frente contra su vientre. Salía gran cantidad de saliva de mi boca.

En un momento Juan me sujeta la cabeza, y me hunde contra su cuerpo, con todo su miembro dentro de mi boca, al principio traté de controlarme, pero no podía respirar, mi nariz estaba contra su abdomen, y mi boca llena de pija. Traté de zafarme, pero no me dejó.

Mis ojos estaban llenos de lágrimas, y casi al borde de ahogarme, hasta que un chorro de líquido bien espeso, corrió por mi garganta. Juan gritó de liberación y me tragué todo su semen, aflojó la presión de sus manos y pude zafarme.

Quedé en cuatro patas, sobre el suelo, dando bocanadas de aire, con arcadas y tratando de escupir el semen que aún sentía en mi garganta.

Me llevó unos cuantos minutos, recuperarme, en los que solo estaba concentrada en recuperarme.

Seguía en cuatro patas. Juan se me acercó por atrás y me levantó la falda gris que tenía, me bajó la tanga hasta las rodillas, su miembro tocó mi vagina, sentí sus manos tomar mi cadera, y sin previo aviso su miembro me penetró mi conchita, largué un grito de dolor, y sentí como su pija me penetraba mas y mas con cada embestida, era muy brusco, me penetraba con violencia, sus manos grandes lastimaban mis caderas.

Su miembro ya estaba completamente dentro de mi vagina, su cuerpo chocaba contra el mio bruscamente.

– Decime, te cuidas, te cuidas, tomas algo?

Como pude dije que si.

Me dio muy fuerte por varios minutos, hasta que se vino en mi conchita.

Me soltó y se recostó en el suelo. Apenas me soltó, me desplomé a su lado, solo me sostenían sus manos.

Nos quedamos tendidos en el suelo por unos minutos, en silencio.

Su mano derecha, tomó mi hombro y me comenzó a acariciar con delicadeza. Luego mi brazo, espalda, cola, piernas. Fue un momento muy agradable.

Estuvimos casi una hora sin decirnos nada y Juan acariciando mi cuerpo.

Nos levantamos, trajo una toalla húmeda, me limpió la cara, luego mi vagina y piernas.

Vimos la hora, eran casi las 18:00 hs.

Me dio una bolsa grande para guardar la caja de lápices, y me acompañó a la puerta y me pidió un taxi, le pago al chofer adelantado. Y me fui a mi casa.

Por suerte cuando llegué no había nadie. No había pensado que le iba a inventar a mi madre de como conseguí esos lápices.

Los escondí debajo de la cama y me recosté y me quedé dormida.

A la noche le conté a mi madre que había ganado un premio en un concurso que me había anotado. Me creyó.

Con Juan me seguí viendo varias veces mas, siempre me regalaba algo,  y siempre teníamos sexo.

Con el tiempo, y por culpa del estudio dejé de dibujar y de ver a Juan.

 

 

 

 

Post Author: Micaela Zuvi

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